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martes, 16 de abril de 2013

Poggio Rusco guys: Madrid 2013 (Parte 2)

Cansados del ajetreo del día anterior, nos levantamos la mañana del sábado con bastante tranquilidad. Nada más amanecer Javi se había marchado porque tenía ensayo con su coro. O eso decía él, porque nos mandó fotos de la macro comida que se metió entre pecho y espalda. Víctor, Germán y yo, por nuestra parte, quedamos en ir a comer al KFC con un amigo de Germán que trabaja en la embajada de Corea. Se nos sentó al lado un asiático. Bueno, se sentó al lado de Víctor, y todavía no tengo claro si le interesaba nuestra conversación sobre comercio internacional o quería pedirle patatuelas a Víctor, porque en una de esas nos giramos y casi tenía la cabeza (que no era pequeña, todo hay que decirlo) en el cubo de pollo frito que nos habíamos pedido para los cuatro. Cuando por fin se marchó casi la lía parda con las sillas, las mesas, nuestras chaquetas, su chaqueta, el carrito de bebé de una familia que se sentaba a su otro lado. Si yo fuera el encargado del KFC le hubiera tomado la matrícula para sentarlo en un sitio preferente la próxima vez, pero bien solito.
Con el pollo frito dando vueltas por nuestro sistema digestivo cumplimos el deseo de Germán de ir al Jardín Real Botánico, situado en el paseo del Prado. Hay que decir que fue una visita altamente instructiva, guiada por Germán y secundada por su amigo, quienes aún recordaban muchas de las cosas que aprendieron en clase de botánica. Aprendí que la flor de todas las plantas leguminosas tienen forma de nave, con su vela mayor, y su mascarón de proa; que del tejo (un árbol al parecer muy escaso en España porque todos los ejemplares se encuentran en el jardín botánico de Madrid) se extraen anti-cancerígenos y que en el jardín botánico cuando no saben que nombre ponerle a una planta la llaman Camellia Japonica y santas pascuas. Terminada la visita nos fuimos a tomar una cerveza al tiempo que acompañamos al amigo de Germán a comprar unos pasteles para un evento social que tenía esa noche. En algún momento que yo me perdí debieron hablar entre ellos de ver la zona (in)noble de Madrid. Pasamos por la calle Génova, donde se emplaza Minas Morgul, o lo que es lo mismo: la sede del PP. Víctor se hizo una foto haciéndole una peineta y yo pegué un mocarro en la pared. Poco más pudimos hacer en favor de una revolución, pues había como veinte policías nacionales y dos furgonas aparcadas en la entrada.  Seguimos subiendo calles, hasta que Germán comenzó quejarse de que el cuerpo le pedía una cerveza. Pero el primer bar en el que paramos le pareció que el agua de cebada estaría a precio putas, y continuamos en busca de un bar decente. Finalmente cerca de la parada de metro de Iglesia encontramos uno a 3 euros la caña doble (que en ese bar es una caña normal), así que no quiero pensar cuan caro nos habría costado en el anterior bar. Tras hacer un repaso por las discotecas, pubs y afters que podíamos visitar esa noche nos despedimos de Vidal, el amigo de Germán y continuamos nuestro camino para casa. Bajamos en Ventas cargados de cena y suministro para esa noche. Cenamos mientras veíamos un reality-show de la MTV que trataba de como un tío había estado cuatro años chateando con una mujer que se supone que era transexual. El tío le había mandado a ella fotos de su primo que estaba más bueno y le había dicho que se llamaba de otra forma. Finalmente contacta con el programa porque quiere conocerla y decirle la verdad. Antes de todo eso se arma de valor y le confiesa a su mejor amigo que le pone mucho una mujer con la que lleva chateando cuatro años y a la que le es fiel desde entonces y que tiene la pequeña particularidad de que antes era un hombre. Finalmente cuando la conoce resulta que ella ha sido mujer desde que nació. Entonces él comienza a perder el interés porque lo que le daba morbo es que fuera medio hombre y medio mujer porque en realidad es bisexual y así tiene dos en uno. No me enteré como acababa el programa porque Germán, asqueado por ese tipo de programas nos cambió a Los Simpsons.
Cenados y duchados llegó Javi. A eso de la 01.30h cogimos el metro en Manuel Becerra y nos bajamos en Noviciado. Víctor y yo teníamos tantas ganas de mear que decidimos hacerlo en el primer portal. A mitad de la micción oí como alguien con voz autoritaria abroncaba a Víctor y a otro chaval ajeno a nosotros y me instaba a que dejara de mear. Resulta que estábamos regando el Ministerio de Justicia. Y yo vale, porque soy un simple licenciado en Historia del Arte muerto de hambre, pero ya le vale a Víctor, letrado que estudia para ser juez. El Guardia Civil nos preguntó si es que no había bares y yo entendía que si veníamos de bares y claro yo le contestaba negativamente y el se encendía más. Hasta que por fin entendí lo que decía y tuve que darle la razón. Porque claro, estamos en España y otra cosa no, pero bares hay para dar y vender. Precisamente un tío mío tiene uno, así que cómo no va a haber bares. Pues claro que hay. Dos minutos después el Guardia Civil nos dejó marchar.
La noche continuó con Javi haciéndonos dar vueltas por Malasaña sin decidirse por ningún bar. Ya eran casi las 3 cuando nos fuimos a otra zona cuyo nombre no recuerdo. Y nos pusimos en un bar que resultó que era de ambiente. Y esto Javi tenía que saberlo porque nos dejó y se marchó sin decir nada. Al final entramos en un local donde nos cobraban 10 EURAZOS con 1 copa. Víctor y yo lo dimos todo. Germán un poco menos. Y Javi creo que se estaba muriendo, porque solo había cenado un potito, había bebido mucho y se le estaba juntando todo con el hipo, me parece. Porque apenas hablaba.
En fin, regresamos a las 6 y pico a casa de Germán dormirla, que solo me quedaban dos horas para levantarme rumbo a casa.

Conversación destacada del segundo día:

Volviendo de nuestro paseo de tarde por las zonas (in)nobles de Madrid, Víctor y Germán se fijaron en el metro en una muchacha de pelo oscuro y ojos claros. Nada más abrirse las puertas del metro la chica salió corriendo a una velocidad inusitada. Todo esto a Germán le inspiró unos versos poéticos:

Germán: -El amor es como un vagón de metro.
Víctor: -Qué poético, Germán.
Josef: -En cuanto ha podido, esa chica ha huido de vosotros.
Germán: -Estoy pensando en mandarle un mensaje a ella con ese verso.
Josef: -Sí. Y que te responda: "¿Qué dices de metro?" Como Javi ayer.

FIN DE LA SEGUNDA PARTE.


sábado, 1 de septiembre de 2012

"He aquí que aquí veo"


Me vais a permitir dos cosas. La primera es la alusión del título a ese fragmento de los poemas odínicos (según he leído en internet) que se cita un par de veces en la película ‘El guerrero nº13’, que no pasará a la historia del cine pero es un notable entretenimiento palomitero de sábado por la tarde. Para los pocos que no la hayáis visto baste deciros que los protagonistas del filme recitan ese fragmento siempre antes de entrar en batalla y en él describen como familiares y antepasados fijan sus ojos en ellos, guerreros vikingos, y en si muestran la valentía necesaria para ganarse el derecho a descansar eternamente en Valhalla el paraíso heavy. Digo, el paraíso vikingo. La segunda concesión que quiero que me permitáis es la de ponerme melancólico por (pen)última vez.
La culpa no es del poema en cuestión. La culpa es de haberlo recordado estos días. Estos días en los que estoy de humor alterable. Tan pronto eufórico como enfadado. Tan pronto ilusionado como agobiado. De repente bien y enseguida mal. “¿Te ha venido la menstruación?” Diréis algunos. No pero casi: estoy de exámenes. Y el problema no es que sea un período más de exámenes. El problema es que probablemente sea el último período de exámenes. Y no es que me entristezca no asistir a más exámenes universitarios. Todo lo contrario. El problema es que estoy deseando aprobarlos de una vez y hacer un corte de mangas al salir del aula. Ha sido tanto mi empeño en esta deseo que llevo desde el 19 de julio (¡19 de Julio!) estudiando. A mi manera claro. Que es bastante constante pero irregular al mismo tiempo. Todos los días, sí, pero con ese desorden crónico que convive conmigo cuando La Chica Que Va de Acá Para Allá anda lejos. Y lo que ocurre, creo yo, es que nunca me había empeñado tanto en terminar algo y eso me produce hasta taquicardias. Y hace que ande por el pasillo de mi casa como si viviera en el siglo XIX y yo me acabara de enamorar de una muchacha socialmente inaccesible para mí.
Así que sí. Tengo ganas de aprobar y decir: “¡Universidad, que te den!”. Lo que ocurre es que ese corte de mangas conlleva algo más. Y todo por el simple hecho de no ser de Murcia. Y es ahora cuando describo mi melancolía. Yo vine a Murcia en 2006 a enderezarme. A dejarme de hostias y convertirme en adulto. A no andar trabado con asuntos de adolescentes cuando ya pasaba los veinte. A ponerme las pilas y prepararme para el futuro. Y creo que lo he conseguido, medianamente (fiel a mi estilo), pero eso ha significado recoger un bagaje por el camino que incluyen seis años, mucha gente y situaciones de todos los colores. Vamos, que me da pena, penita, pena, irme de Murcia. Me da pena porque La Chica Que Va De Acá Para Allá se queda aquí y a mi me gustaría quedarme con ella. Y aunque nos vayamos a ver en cada hueco libre que tengamos y todo esto sea provisional, pues se hace duro no comer con ella cada día y dormir juntos cada dos. Pena porque una vez más siento que cierro una época mil veces contada. En la que he definido lo que soy. No lo que veis vosotros, sino lo que soy yo. Lo que proyecto cuando me veo en el espejo. Llevo todo el verano saliendo a correr por mi pueblo y es terriblemente pequeño. No hay callejuelas. No hay bares. No hay bazares de chinos. Si hay kebabs, de eso no me puedo quejar. Aunque apenas vaya a comer a ellos. Lo único divertido será cuando salga a correr este invierno pasadas las once, con todo el pueblo desierto, para mi. Recordando las mil y una veces que he andado por Murcia con las calles recogidas.
No obstante, prometo que será la (pen)última vez que hablaré de la nostalgia que me produce dejar Murcia. Es el momento de prepararme para la batalla final.


El Guerrero nº13

martes, 17 de julio de 2012

Más gordo, más maduro

De un tiempo a esta parte cada vez que me reencuentro con alguien tras un tiempo sin vernos hay una enorme probabilidad de que lo primero que me diga sea: "¡Te veo más gordo!". Lo dirá a modo de broma pero basándose en una sensación más o menos real. Es una situación similar a cuando un tío le suelta un piropo a una tía y esta le responde de una forma borde, o cuanto menos original: a él le parece que tampoco ha dicho nada ofensivo y mi que ya estoy hasta la narices del mismo comentario con cada conocido que me encuentro.  
Pero por mucho que me pese y por mucho deporte que haga, lo cierto es que sí. Estoy más gordo. O mejor dicho: no estoy tan delgado. Porque yo estaba muy delgado. Pero mucho, mucho. Mis niveles de delgadez en 2005 son preocupantes. He visto fotos y si no me conociera diría que estuve enfermo. Es debido a esto que siempre he parecido más joven de lo que realmente era. En el instituto no se creían que estuviera en Bachillerato y en la Universidad no se imaginaban que incluso tuviera más años que muchos de los presentes en el aula. 
Mi madre, que me quiere mucho, dice que lo que pasa es que se me ha hecho cara de hombre. Es evidente que sé que me lo dice para que yo no me sienta mal. Su padre (mi abuelo) y sus hermanos (mis tíos) tienen todos una cara pan solo comparable a su autoestima propia. Y yo no iba a ser menos. Pero lo que me parece curioso es cuando se ha producido este cambio de cara delgada/niño a cara gorda/hombre. Ha sido con un ascenso en mi madurez. Si consigo aprobar las tres asignaturas que tengo para septiembre habré tardado nueve años en sacarme una carrera universitaria en dos intentos. Nunca me cansaré de decir que mi fracaso en la Universidad de Alicante fue proporcionado por una enorme inmadurez que me impidió afrontar un nivel de estudios superior al del instituto. Y eso solo como principio de todos los males. Después, en Murcia, tuvieron que pasar tres años para que espabilara. Cuando lo hice mi cuerpo reaccionó al cambio: ya tenía la madurez suficiente como para soportar en mi organismo diez kilos más.

Ahora depende de mi repartirlos bien y no solo en el flotador a media altura. Esta tarde volveré a salir a correr un rato.

martes, 26 de junio de 2012

De dragones

A principios del curso que ha terminado tenía por objetivo aprobar doce asignaturas para finiquitar la carrera y ponerme a otra cosa, mariposa, que ya estaba bien. 
Ha sido un curso duro. No porque haya pasado nada demasiado trascendental, no. Si no porque he necesitado tener un nivel de concentración que jamás en la vida he sido capaz de conseguir.  Ni cuando estaba en el colegio (¡ja!), ni cuando estaba en el instituto (¡ja!, ¡ja!), ni en los anteriores ocho años universitarios que he vivido (¡ja!, ¡ja! y ¡ja!). Y dice La chica que va de acá para allá, y me temo que tiene razón, que si en esos ocho años (al menos, los cinco últimos) hubiera estado concentrado como lo he estado este año no me habría hecho falta estar este año tan concentrado y me habría ahorrado muchos Septiembres. Y no digo yo que no. Pero en lo que La chica que va de acá para allá no cae es que si cambio algo de lo ocurrido en esos últimos ocho años, sobre todo de los últimos cinco no estaría donde estoy ahora. No me habría ido de Erasmus un año con ella y puede que ni la hubiera conocido (imagínense que hubiera aprobado las correspondientes asignaturas de la carrera de Historia que empecé....-música de Psicosis-).

El caso es que he aquí que me veo a las puertas de la guarida del dragón. Después de tantas vueltas. Después de haber sido capaz de superar mil y un obstáculos. Después de tantos años, tanta gente que ha pasado por mi vida. Solo me queda un dragón de tres cabezas para poder llamarme licenciado. Y me cuesta creerlo. Imaginarlo. Porque cuando consiga matar a ese dragón habré finiquitado el asunto, el problema, la 'cosa', mas difícil a la que nunca yo me he enfrentado. Y sé que si hubiera estado más concentrado habría sido más fácil. Pero prometo que no he sido capaz de estar más concentrado hasta este año. Porque en esta carrera, dejando el asunto académico de lado, he sido feliz. En Murcia, de la que recogí ayer mis cosas he sido muy feliz, que cojones.  Y siendo feliz es difícil concentrarse en las obligaciones, si no son estas las que te hacen feliz. Y este año he tenido que dejar de lado ser feliz para poder terminar algo que debía terminar.
Pero afrontando el asunto académico no he sido feliz. La terrible realidad es que yo no valgo para estudiar. Y esa losa ha pesado demasiadas veces y me ha atemorizado otras tantas. Y ahora que casi he terminado no he podido evitar llorar. Llorar por el esfuerzo gastado. Por la rabia contenida. Llorar porque llego al final. Llorar por las personas que se han dejado mucho para que yo llegue aquí. Llorar porque no hay nada mejor que superarse a uno mismo. Y luego reír. Reír por las victorias pasadas y la que está por llegar. Reír por lo bien que nos lo hemos pasado. Reír porque de esta experiencia de vida (pese a lo que una profesora italiana se piense que es la Universidad) he aprendido cosas vitales, he conocido gente que anida en mi como personajes de la mejor novela que me haya leído. Reír porque tengo un sitio al que regresar.

Reír porque no tengo miedo. Con la que está cayendo y yo no tengo miedo. Y no va a ser fácil, pero no tengo miedo. Y habrá quien me diga "deberías tener miedo pues hay más dragones fuera". Pero hoy no. 
Y me da igual lo que vaya a ocurrir a partir de ahora. Al final habrá un dragón con el que no pueda. Uno con demasiadas cabezas, que se regeneren cada vez que las cortes.

Pero hoy no tengo miedo.

domingo, 19 de febrero de 2012

En el país de las cajas de zapatos

Hoy he descubierto que mi madre tiene un problema. Es adicta a las cajas de zapatos.

Esta historia comienza, como tantas otras, con un recuerdo: en el piso de mis padres donde viví dieciocho años hasta que nos mudamos teníamos un pequeño cuarto de baño. Este espacio era conocido popularmente en mi casa como aseo pequeño. No obstante solo dos elementos le otorgaban la categoría de aseo: un lavabo con espejo y un wáter con cisterna de cadenita. Por no tener no tenía ni azulejos. Ni siquiera agua caliente. Lo qué si tenía (y a mi siempre me llamó la atención) era una estantería metálica. De esas que se montan como un mecano en la que mis padres (aunque para ser justos debería especificar en mi madre) guardaban sobre todo cajas de zapatos. Montones de cajas de zapatos. Desde el suelo hasta el estante más alto las cajas de zapatos de diferentes tamaños y colores copaban toda la vista que uno tenía en frente mientras daba cuenta de las funciones del aparato digestivo.

Hace dos años, cuando cumplí 26 (joder, que vértigo) La chica que va de acá para allá me regaló entre otras cosas un par de zapatos veraniegos escogidos por mi. El pasado año quedaron inéditos debido a nuestra estancia en Italia y desde entonces les he perdido la pista. Tras confesarle a ella que no sé por donde para su regalo he decidido (por voluntad propia, ejem) buscarlos. No están debajo de la cama. No están debajo de la cama de mi hermana. No están en mi armario, ni en el armario de mi hermana. Así que probablemente estén en el trastero. Un trastero adornado con estanterías de metal montadas a base de tuercas y tornillos que guardan montones de cajas de zapatos. Desde el suelo hasta el estante más alto las cajas de zapatos de diferentes tamaños y colores copan la vista que uno tiene enfrente.

Mi madre tiene un problema. Y creo que es serio.

martes, 15 de noviembre de 2011

Yo y las leyes de la Física

Mi madre celebró el pasado puente de Todos los Santos su cumpleaños. A tan magno evento asistieron, madre, padre, Mirmana, cuñado, tíos, primos y como no La chica que va de acá para allá. El menú consistió en una saludable parrillada donde había más grasa que en un taller. Para chuparse los dedos, oiga.
Metidos en barrena y con los dedos ocupados entre longanizas y morcillas surgió a la luz un tema bastante recurrente en mi familia: recordar las locuras que hice en mi alocada niñez. Entre esos hechos por los que ningún jurado justo me condenaría siempre destacan lo malo que era para comer y las tretas que usaba para no comerme la comida: saltar por la ventana de la galería de mi casa para depositar los restos en la basura, tirar el vaso de leche por el patio de luces por las noches (antes de cumplir los siete años yo creía firmemente que el patio de luces era similar a un pozo sin fondo) o, sin ir más lejos, cerrar el gaznate y hacer huelga de hambre. Tales actos de rebeldía eran sagazmente reprimidos, cual revolución decimonónica española, con dos sopapos contundentes.

No todo fue rebeldía en mi niñez. Aceptaba de buen grado mi trabajo por horas de recadero familiar: comprar el pan, ir a la verdulería (que lo odiaba porque la verdulera siempre me gastaba bromas) o al supermercado. Entre estas tareas gustosamente accedía a llevarle a mi abuela el pan o el tupper con el cocido de turno que mi madre le había apartado del que había hecho para casa. Fue por entonces cuando me aficioné a las leyes de la Física y descubrí la Fuerza centrífuga mediante la cual si daba vueltas muy rápidamente a la bolsa en la que llevaba el cocido este no se caía. No obstante, descubrí otra ley de la naturaleza. Más concretamente de la naturaleza humana. La cual demuestra que los pioneros y los innovadores no suelen ser bien recibidos por la sociedad. Mi abuela, que a su edad pocas ganas tendría de saber quien era esa Física (cuyos padres no conocía, y si no conocía a sus padres poco bueno se podría decir de ella) intentaba desalentarme en mis experimentos científicos al grito de:

"¡Demonio de crío! ¿Pos no viene dándole vueltas a la bolsa dende su casa por tol camino? ¡Deja de darle vueltas al cocío que me lo vas a volcaaar!".


Si es que... siempre fui un incomprendido.

lunes, 24 de octubre de 2011

Rarezas

Mi bolsa de deporte huele a Golden Grahams. No sé si esto es bueno o malo, porque yo desayuno (o meriendo) Golden Grahams todos los días. Uno espera que su bolsa de deporte llena de prendas sudadas huela a vestuario, a rancio, a deporte y tal.

¿Quiere esto decir que los Golden Grahams saben a sudor?
Entonces, ¿por qué me gustan tanto?


lunes, 10 de octubre de 2011

Una fobia intrascendental, número 2

Que los voluntarios de la ONG que siempre hay a la puerta de unos grandes almacenes me enganchen y me realicen cuestionarios interminables. He perfeccionado mi "Lo siento, tengo prisa'' tanto que ya voy con prisas a todas partes para darle mayor credibilidad.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Doce

Nací un día doce.
Doce meses tiene el año y por ello nos comemos doce uvas en nochevieja.
Doce horas tiene un reloj de manillas.
Doce cuenta un libro que fueron los discípulos.
Doce signos del horóscopo. Occidental y chino.
Doce es el número atómico del Magnesio (Mg). Ese que según mi padre no hay que confundir con la Potasa.
Doce vueltas da la luna alrededor de la tierra en un año.

Doce asignaturas me quedan para poder licenciarme.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Una fobia intrascendental

¿Conocéis esos miedos leves, muy sutiles, que te asaltan justo en el momento en que pueden hacerse realidad? Es hora de que comparta uno con vosotros.

Que la chocolatina de la maquina expendedora se quede enganchada y me vea obligado a comprar otra para que la empuje. Que a su vez la segunda chocolatina quede enganchada también y necesite comprar otra para que empuje a la segunda y a la primera, quedándose la tercera enganchada también y así hasta el infinito y más allá creando una híper-paradoja temporal.

Sudores fríos me recorren el cuerpo cuando pulso el número correspondiente a mi chocolatina favorita.


miércoles, 24 de agosto de 2011

Gran Reserva: Curriculum Vitae (VI)

SOY:
Un chico de recados ínfimos. Un cortacebollas. Un psicólogo sin título. Un calmante para ataques de ansiedad. Un optimista de autoestima suicida. Un rockero dormido. Un mod de mercadillo.
Un boy-scout con tatuajes. Un dibujante de líneas torcidas. Un escritor de letras blancas sobre papel blanco. Un escriba familiar.

HAGO:
Un estudio sobre la vida universitaria. Una tesis sobre la juventud. Un doctorado de miedo a la vejez. Diversos trabajos de recolección de lemas y refranes para la vida.

PRETENDO:
Aceptar mi calvicie futura. Entender mi manía persecutoria.

ME GUSTARÍA:
Dar la mano a mi estirpe y tener una segunda oportunidad.

domingo, 10 de julio de 2011

Xavi Metralla 3: el viaje finaliza

Se acabó. Me han contado que Xavi Metralla ha finiquitado el papeleo correspondiente a su beca 'erasmus'. Eso significa que se vuelve a España. Todo está preparado: el maletero hasta arriba de equipaje, la guantera con suficiente cambio para los peajes y el disco de 'Pont Aeri' con su sesión de hardcore listo para sonar durante horas y horas de carretera ininterrumpidamente. Poco más hemos podido saber de Él en estos últimos meses en tierras italianas. Lo pudimos ver, una noche, a lo lejos, marcando paso y paquete ibérico con una morenaza de metro ochenta. Las malas lenguas, que nunca callan, dicen que esa sartén que lucía tan hispanamente tenía mango. Jamás lo sabremos con seguridad.
Pero si Xavi Metralla se va de Ferrara, significa que esto, de verdad, se acaba. Que ya no hay marcha atrás. Y que solo nos quedará ese viejo anhelo. Ese secreto anhelo de volver con Él a España. En su coche, compartiendo la aventura. Una aventura que he de rechazar porque tengo demasiados vínculos en el mundo como para romperlos a base de estaciones nocturnas de servicio. Una aventura que si algún día me veo desarraigado decidiré emprender, porque es un viaje solo apto para quienes no tengan nadie que les espere en casa.
Su viaje que comenzó allá por Septiembre u Octubre y ya termina. Camino de quien sabe que nuevas fronteras.
Adios, Xavi. Recuerda que si pasas por mi ciudad, una cerveza lleva tu nombre.

Josito no te olvida. Ni a tí ni a nadie.

sábado, 9 de julio de 2011

La gran evasión

El 'erasmus' es la gran evasión de nuestra época. Uniones fugaces o inesperadas, botellones interminables, trenes de madrugada después de una fiesta en no sé qué ciudad. Gente que dejó a su novia o a su novio. Gente a la que su novio, o su novia, le dejó al venir. Son complementos variables que forman esta especie de escapada al país de Nunca Jamás.
Para mí se acaba hoy esta evasión. Ya no más. Ya nunca más podré permitirme pensar demasiado en estos días porque siempre he tenido por lema mirar hacia delante porque me da miedo convertirme en una estatua de sal. No obstante sé que me traicionaré y también sé que la nostalgia volverá periódicamente para recordarme que este ha podido ser el curso más extraño y memorable de mi vida universitaria.
Para el recuerdo queda esa sensación de ir en bicicleta entre adoquines camino de quien sabe qué. Para el recuerdo quedan un montón de caras (caricaturizadas o no) con un montón de nombres, con un montón de ciudades y con un montón de historias. Para el recuerdo queda que la próxima vez que quiera evadirme tendré que buscar otro método, u otra ciudad. Pues a alguien le escuché que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.

miércoles, 29 de junio de 2011

Síndrome de Diógenes

Ayer terminé por fin los exámenes. Estoy libre de estudios hasta finales de Septiembre.

Hip, hip, hurra.

Tengo que empezar a pensar en como llevarme todas mis cosas de vuelta a España. Vine con tres maletas y no estoy seguro de que en ellas me vaya a caber todo. Aquí os hago un inventario de todas las cosas que he ido acumulando en un curso y que me gustaría llevarme de vuelta:

  • Diversos mapas de las ciudades que hemos visitado (unas quince) más otros de ciudades que no hemos visitado (¿..?).
  • Un cuaderno de dibujo de hoja fina tamaño folio. Tapas rojas.
  • Otro cuaderno tamaño cuartilla de hojas gruesas. Tapas negras.
  • Un libro de segunda mano edición de lujo con láminas y dibujos naturalistas de la Edad Media y el Renacimiento.
  • Tres cómics de Tex (uno de ellos dibujado por Jordi Bernet) y otro recopilatorio de Nathan Never.
  • Un CD con 50 original recordings de The Rat Pack (para los profanos estos son: Dean Martin, Frank Sinatra y Samie Davis Jr.).
  • Toda una serie de parches e insignias de las ciudades y países que he visitado y considerado más importantes (Venecia, Florencia, Varsovia, Polonia, París, Francia, Roma e Italia entre otros).
  • Una camiseta de la Selección Española con estrella y parche de campeones del Mundo con el dorsal nº6 y el nombre de A. Iniesta.
  • Una camiseta del Grêmio de Portoalegre con el nº10 a la espalda.
  • Unas zapatillas multi-tacos para jugar sobre césped artificial sobre todo.
  • Un balón de fútbol sala usado hasta la saciedad y al que le hace falta hincharlo un poco.
  • Camisetas de diario varias.
  • Ejemplar de bolsillo de Millennium II: la chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina.
  • La bandera de Florencia.
  • El pañuelo del barrio de San Paolo.
  • Un bañador, regalo de cumpleaños.
  • Un libro de pin-ups, regalo de cumpleaños.
  • Un CD de Keane (Night train), regalo de cumpleaños.
  • Un par de chanclas y otro par de alpargatas.
  • Diversas miniaturas de Games Workshop.
  • Un paraguas que parece una espada de juguete de Star Wars.
  • Muchas postales de muchos sitios.
Creo que sí. Tengo Síndrome de Diógenes.

sábado, 4 de junio de 2011

Sinestesia

Soy sinestésico. Lo soy desde pequeño. Desde que recuerdo haber aprendido los números y el abecedario estos tienen color en mi cabeza. Cada cifra un color. Es curioso porque del 0 al 99 cada decena tiene de fondo el color de su primera cifra. Como si fuera una tira. Tal que así:

martes, 24 de mayo de 2011

Que levante la mano...

Quien de pequeño dibujaba letras en el aire.

¿Nadie? A ver si La chica que va de acá para allá va a tener razón y soy un 'friki'...

jueves, 12 de mayo de 2011

Nostalgia

-"La vida es como un rosal: está llena de espinas y de vez en cuando encuentras una flor".
(Dijo mi abuelo a mi madre el día que se casó)

Mi abuelo era una persona optimista, como podéis comprobar. Yo más que optimista he sido siempre un vago. Tiendo a pensar que tendré tiempo de hacerlo todo más adelante, que ahora mismo no me apetece. Y así han ido transcurriendo los años. Demasié. Llevo tanto tiempo en la universidad que está a un paso de convertirse en mi etapa académica más larga. Más que el colegio incluso. Vaya barbaridad. Si en el colegio me tiré una eternidad. Cuando entré no sabía ni leer y cuando salí ya había aprendido hasta las tablas de multiplicar. Pero podemos decir que el colegio fue una experiencia positiva. Jugaba al fútbol y las niñas eran bobas. El mundo era fácil. Además comencé mi carrera en el mundo del espectáculo con la representación del musical de Grease en el papel protagonista de Danny Zuko. Todo un éxito de crítica y público. Después en el instituto me mezclaron en un batiburrillo de adolescentes hiperhormonados a ver que salía de allí. Me libré de las novatadas porque pasé desapercibido. Todo gracias a que aprendí las famosas técnicas ninjas de:

-La columna: siempre había algún cegato que se chocaba contra mí.
-La puerta: siempre había algún imbécil que me daba un empujón.
-La ventana super-limpia: las chicas nunca se fijaban en mi.

Maravilloso. Menos mal que me metí en el grupo de teatro y pude exorcizar todas mis vergüenzas. Salir semi-desnudo gritando frases de Eurípides delante de medio instituto es lo que tiene: un efecto de terapia. Que tiempos. Por entonces Zidane marcó un golazo en Glasgow ¿entendéis mi nostalgia ahora?
Después vino la universidad. Pasé de la ensalada al bufé libre. Allí cada uno iba a su puñetera bola. Heavys, pijos, punkis, empollones, abuelos y profesores. Me fui menos de fiesta que un franciscano en cuaresma. Y así me fue. No aprobé ni una. No estaba concentrado. Demasiada tensión y dispersión. De las técnicas amorosas que aprendí en aquellos primeros años se puede destacar la de 'pagafantas' aficionado. Al final tuve que emigrar a Murcia. A empezar de cero. Todo fue mucho mejor. Donde va a parar. Como salía tanto de fiesta aprobaba, algunas con sobresaliente incluso. Como ya no estaba tenso me concentraba. Solo me costó que me rompieran el corazón dos veces en seis meses. Una ganga. Y además el Madrid volvía a ganar ligas y España era campeona de Europa. No me podía quejar, la verdad.
Fue entonces cuando hizo acto de aparición La chica que va de acá para allá. A su rollo. Más despistada que un turista en el barrio chino de Barcelona. Ella ahora lo niega todo, pero no se fijó en mi cuando nos conocimos. Yo en ella sí. Pero para entonces decidí no mover ni un músculo. "Que me busquen a mi". Tardé poco en arrepentirme. En cuanto pude le colé mi número en su teléfono móvil. Y me llamó. Pero fue básicamente porque se equivocó de número. Pero me volvió a llamar. Aunque esa segunda vez fue porque olvidó bloquear el teclado, se pulsó la tecla de llamada sin querer en su bolso y como yo era la última persona a la que había llamado... La tercera vez me llamó a mi. A propósito. Sin casualidades. Sin equivocaciones. Me llamó a mi. Bueno, pero me llamó porque las quince primeras personas a las que había llamado no le habían cogido el teléfono, seguramente porque como estaban dentro de la discoteca no lo habían oído. Aunque a esas alturas del cuento yo ya había asumido aquella frase que me era tan familiar:

"La vida es como un rosal: está llena de espinas y de vez en cuando encuentras una flor".

Feliz cumpleaños, Josef.

martes, 10 de mayo de 2011

Habilidades básicas

A la habitual pregunta que me hacen en España cuando he vuelto en las vacaciones de Navidad o Semana Santa (y seguramente en verano) "¿Y que has aprendido estando de erasmus?", puedo responder henchido de orgullo:

-"¡He aprendido a hacer tortillacas!"

miércoles, 23 de marzo de 2011

Arte

Por primera vez en mi vida he invertido en arte. Una obra cuyo artista desconozco. Un precio totalmente asequible para alguien como yo. Arte abstracto no figurativo que he encontrado en un mercadillo de fin de semana. No estoy seguro de si es una muestra de buen arte o de mal arte. Aunque eso no tiene importancia. La obra me ha golpeado de tal manera que solo puedo explicarlo con términos relacionados con el amor a primera vista.
El cartel junto a la exposición de pinturas decía que todo eran obras originales al óleo sobre lienzo de lino. Curiosamente era la única muestra de arte abstracto entre todas las pinturas -que eran de una calidad técnica mucho menor- y no he podido dejar de imaginar mil sensaciones que me han removido de arriba a abajo.
Cuanto me gustaría conocer al autor para decirle que su obra me ha fascinado y que no sabría decirle porqué. No hay una razón erudita detrás. No hay un discurso filosófico. Solo una profunda sensación en el alma que me ha dejado suspendido en una extraña nube mágica.

sábado, 15 de enero de 2011

Dudas personales

De todas las formas en las que han pronunciado mi nombre hay una, pronunciada en Andazulía -tierra de mi madre- que recuerdo con una carcajada cada vez que me viene a la cabeza:

"¡OZE, OZE!"

Tardé tiempo en distinguir si estaban llamándome o diciendo cuantos meses tiene el año.